Hoy me inquieta el anuncio del nuevo ministro de justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, sobre la implantación de la cadena perpetua en España, en una versión revisable. [ver noticia]
Si indagamos en la definición de justicia, encontraremos que ésta es el simple conjunto de normas que establecen un marco donde se puedan desarrollar las relaciones humanas. En este aspecto no es lo mismo hacer justicia en en Sudán o Yemen (entre otros) donde ser cristiano tiene pena de cárcel, que hacer justicia en EE.UU. donde los blancos excepcionalmente son llevados al corredor de la muerte.
En esa línea podemos pensar que en una democracia son los propios ciudadanos los que elegimos qué tipo de justicia queremos. Así pues, abierto hoy el debate y la revisión de este punto clave en toda sociedad, cabe preguntarnos si queremos una justicia de la venganza o una justicia de la integración.
A ejemplos de otros países nos podemos remitir cuando afirmamos que las cadenas perpetuas y las penas de muerte no tienen un aspecto disuasorio ante el delincuente. Mientras que la justicia de la reinserción sí que supone un descenso en el número de delitos, siempre que esta se haga con los recursos suficientes.
Quizá éste sea el problema, que las cárceles son concebidas como corrales de "castigados contra la pared" sin vista al perdón, a la redención y a la nueva oportunidad.



