En la actualidad dentro de la Iglesia encontramos una actitud bipolar en este tiempo. Por un lado están los cristianos que no se acuerdan de que viven en este tiempo litúrgico y continúan la vida diaria sin más. Y por otro aquellos que, extremadamente preocupados por el pecado y la maldad del hombre, inician la campaña de renuncia contra TODO, sea malo, bueno o regular. Creando ese clima de oscurantismo, rigidez, frialdad y de época medieval con el que tantos ojos siguen mirando a la Iglesia del siglo XXI.
Si bien es cierto que la Cuaresma es un camino hacia la Resurreción, nuestra vida también es un camino constante hacia Dios. No podemos ser cristianos sólo durante cuarenta días y después olvidarnos, creyendo que "ya tenemos la bendición de Dios y el reconocimiento de la Comunidad". Si nos privamos de realizar esas supuestas acciones del diablo durante cuarenta días, ¿no sería obvio no volver a retomarlas jamás?.
En este aspecto ese
primer grupo ajeno a la Cuaresma, pero que sigue creciendo en la fe, saciando
inquietudes y viviendo el evangelio quizá esté más próximo de alcanzar el sentido pleno de la Cuaresma que el cumpli-miento del segundo grupo.
Cuaresma, tiempo de alegría y libertad
En el catencismo y la escuela aprendimos de memoria: "La Cuaresma son los cuarenta días de preparación hacía la Pascua" pero quizá faltó una seria explicación sobre qué es exactamente la Pascua. Si hiciéramos una encuesta la mayor parte de la gente nos diría que la Pascua se corresponde al Viernes Santo y a las procesiones que lo rodean, diluyéndose el mayor de los milagros: la resurrección de Jesús.
Si el cristianismo tiene sentido no es por la Pasión, sino por la Resurrección de Jesús quien pudo y quiso vencer a la muerte ¿Cómo podemos ponernos tristes ante estas perspectivas? ¿A caso valoramos más la Pasión y Crucifixión de Jesús que su Resurección?
Una Cuaresma inquietante
Te animamos a que esta Cuaresma te inquietes, que encuentres qué puedes mejorar en ti, que la utilices como momento de
cambio. Tiempo en el que hacer realidad esas "promesas de año nuevo"
que sabemos que antes o después debemos de tomar pero que siempre nos
parecen pronto, aunque sabemos que nos llevarán al éxito pleno y la
felicidad que supone estar con Jesús.

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