Hoy me inquietan estas dos historias y en manos de quién estamos dejando la bienvenida/retorno a la Iglesia.

La primera se desarrolló en una parroquia de Valencia donde llevaba la batuta de la reunión un padre de familia y como telón de fondo, obviamente, se hablaba sobre el matrimonio. Esta persona anunció con convencimiento que el matrimonio lo puede todo, quizá mal inspirado en la carta del apóstol San Pablo a los Corintios. Tan literalmente tomó estas palabras que llegó a afirmar que él quería más a su mujer que a sus hijos (cómo si existiese un termómetro del amor) y que en matrimonio se debe aguantar hasta el extremo.
En ese momento un atento novio pregunto -¿Y en el caso de los malos tratos también se debe de aguantar?- A lo cual el ponente respondió - He dicho todo ¿no?-

Yo me dedico a la elaboración de obras de arte con metales. Y cierto día mi mujer me sorprendió manteniendo relaciones con una rumana que durante algún tiempo estuvo en el taller. Pero mi mujer me perdonó, porque el que estaba dentro de mi no era yo, sino el mismísimo diablo.
En ambos casos, las parejas tutoras eran del Camino Neocatecumental (o Kikos, popularmente) y desde aquí quisiera llamar a atención de nuestros sabios párrocos, para que velen sobre qué y quién está impartiendo estos cursillos que en muchos casos son una bienvenida/retorno a la Iglesia. Y con esta inquietud no deseo entrometerme en la opción de vida de aquellos que han optado por el Camino, pero por la misma razón no me parece justo que se hable en nombre de toda la Iglesia, cuando realmente se está dando la interpretación del Camino.
Quizá la mejor opción sería diversificar y ofrecer a las parejas un curso que realmente les sea útil y les acerque a la Iglesia, desde el contexto en que relamente viven.